Por: Angelica Barrientos
Restaurantes en Cancún hay muchos y de excelente nivel. Pero un sitio que nadie debería perderse, es la esquina de la Tulum y la Cobá, donde doña Hilaria tiene su modesto carrito con los tlacoyos más sabrosos que se pueda uno imaginar.
Desde que llegué a Cancún, sus tlacoyos fueron mi refugio chilango. Doña Hilaria los prepara de frijol, requesón y chicharrón, tal como la los defeños nos enseñaron que marcan las buenas costumbres. Siguiendo la etiqueta tlacoyera, ofrece al comensal salsa verde, roja y otra más de delicioso sabor que si mal no recuerdo, es la borracha. Encima, unos ricos nopalitos con cebolla y jitomate y una espolvoreada de queso fresco.
He tenido que hacerme dura de corazón para pasar ahí todas las tardes y evadir el antojo. Pero anoche, la tripa me amordazó de tal manera, que no me resistí más. De hecho, iba sólo por unas gorditas de nata para acompañarlas con un vasito de leche. Pero Doña Hilaria, con todo el colmillo de una buena vendedora, me ofreció el tlacoyo como “pilón”, y terminé llevándome 2 docenas: una de chicharrón y otra más de frijol. Y además, una buena historia qué contar…
Resulta que doña Hilaria, tiene 6 hijos, y con su negocio y el trabajo de su marido, les ha dado escuela a todos. Uno de ellos ya va en tercer semestre de la universidad (pública, cabe aclarar), y dos están en la prepa. A regañadientes, pero le ayudan con los tlacoyos. Ella siempre les dice que tienen que echarle ganas, para que no tengan que dedicarse a eso toda la vida.
Y es que eso de los tlacoyos no es cosa fácil. Ella misma nixtamaliza el maíz, lo cual ya es un trabajo bastante pesado… Cuando ya está lista la masa, hay que preparar los tlacoyos y cocerlos. Para que realmente queden buenos, dice doña Hilaria, los hace en un comal de barro, que se calienta con carbón. Es la parte más difícil, porque además del calor típico de regiones tropicales, hay que aguantar el del comal. A veces saltan a veces partículas de masa o de chicharrón y queman los brazos o la cara… “Uno no quiere ni que le hablen en esos momentos, nada más está pensando en terminar”, dice nuestra marchanta con gesto compungido.
La verdad es que estas son las historias con las que me gusta encontrarme. Todo el tiempo estamos hablando de lo mal que está México. Nos encanta quejarnos. Pero a nuestro alrededor hay gente que todos los días aporta un poco, siembra una semilla para un futuro mejor. De una señora que vente tlacoyos, nació al menos un profesionista, pero quizá sean dos, o tres… Pero además, su día a día es un delicioso acto de generosidad. Además de los ricos tlacoyos, las gorditas de nata, y las palanquetas, Doña Hilaria tiene siempre una plática alegre, sencilla. Total que uno se la pasa de “rechupete” bajo el paraguas de la Tulum y la Cobá.