La tranquilidad perdida en Cancún

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Por Lizzy Santoyo http://twitter.com/lizzysa

¿Cómo estás? Le pregunté a un amigo. “Nervioso”, respondió. Me sorprendió la sinceridad de su respuesta al no poder ocultar su estado de ánimo. Recién regresaba de un centro comercial muy conocido en Cancún: Malecón Américas donde la mayoría de los cancunenses disfrutan pasar un buen tiempo ya sea de compras, en los cines, comiendo o solo paseando.

Este amigo trabaja en una tienda departamental del mismo centro comercial, había salido a comer junto con una compañera, sentados en el área de comida rápida, como cualquier otro día, una señora estaba sentada frente a ellos acompañada por su pequeña hija de 3 años. La señora se levantó un momento por un refresco, al regresar comenzó a exclamar “¡Jennifer!”, volteaba para todos lados y repetía el nombre de la niña una y otra vez, mi amigo se sorprendió al no haberse percatado en qué momento la niña había desaparecido, lo mas sorprendente fue que nadie en una plaza repleta de gente, absolutamente nadie había visto algo y peor aún nadie hacía algo al respecto. La mujer gritó mas fuerte, mi amigo y su compañera decidieron ayudarle.

Dos horas de búsqueda donde policías también participaron en la misma. De Jennifer no se volvió a saber nada.

Hace seis años que vivo en Cancún, si algo disfruto de este lugar es la seguridad que le caracteriza, sin embargo es triste ver que ya no es lo que solía ser. Además de esto me pregunto, ¿hasta que grado nos hemos vuelto insensibles e indiferentes como sociedad? Una plaza de comida rápida a reventar y absolutamente nadie se inmutaba ante la desesperación de una madre. Y lo más triste aún es que esto sucede constantemente en nuestro México.

En ciertos países como en Francia si uno ve a una persona en peligro o lastimada, es un deber como ciudadano el ayudarle. Lo toman no solo como un deber civil sino moral. Recuerdo en un viaje, ir en coche con la familia con la cual estuve unos meses, de pronto vimos una persona tendida en la calle, inmediatamente detuvieron el coche y le asistieron, yo tenía temor de que fuera una “trampa estilo mexicano” que mientras ayudaban al accidentado alguien mas llegara a asaltarnos. No por esto quiero decir que en otros países no haya violencia, ¡claro que la hay!, sino mi punto es la indiferencia en la que la sociedad mexicana ha caído.

La pregunta es, ¿por qué la sociedad no se siente concernida, ni asume ningún tipo de responsabilidad, por qué tal indiferencia?

Según la Real Academia “indiferencia es un estado de ánimo en el que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinante, no hay ni preferencia ni elección”.

Es la indiferencia un síntoma social, con causas y efectos. Aloja una verdad que no se dice, que duele y que molesta. El punto de la indiferencia en la sociedad es que se pierde el reconocimiento de la responsabilidad que se tiene con nuestro semejante.

El ver a una madre sufriendo porque su hija desapareció y fue robada, y el que la gente no hiciera nada, sino apenas llegar a levantar un poco la vista, muestra el alto individualismo que existe, reduciendo al otro a una condición de objeto, se actúa bajo el egoísmo e inhumanidad, los ideales colectivos han sido borrados.

Para que una sociedad funcione debe existir una “afirmación social” donde se reconozca la humanidad del otro. Cuando el pueblo percibe que ante la violencia “no hay nada que uno pueda hacer” es cuando se corre el riesgo de ser indiferente.

La violencia comienza a crear un lazo social desgraciadamente, donde se disputa territorios, se inscribe miedo en los habitantes, es el juego de ser el Amo que se rehúsa a un orden. La forma mas sencilla de controlar es instalando incertidumbre en cualquier esfera, a nivel político, económico etc.

Con ello la sociedad llega al punto en que suspende la capacidad de pensar y por lo tanto no hay voluntad para actuar salvo en pocas ocasiones provocadas por lo emotivo, pero que resulta en movimientos normalmente efímeros.

México es un país que olvida pronto tanto sus tragedias, como lo que había demandado. Pocas son la voces que se levantan para despertar a la sociedad. Caemos en el error de acostumbrarnos a vivir en miedo, incertidumbre y desconfianza.

México es un país maravilloso y como habitantes tenemos mucha grandeza y mucha riqueza, sin embargo hemos permitido que la violencia y la situación cautericen nuestro corazón haciéndonos indiferentes ante el otro ser humano.

Repudiamos a quienes nos tienen en esta situación como país, sin embargo y a modo de conclusión en palabras de Elie Wiesel escritor rumano Premio Nobel de la paz “…ser indiferente a ese sufrimiento es lo que hace al ser humano, inhumano. La indiferencia, después de todo, es más peligrosa que la ira y el odio. La indiferencia no obtiene respuesta (…) Y por lo tanto, la indiferencia es siempre amiga del enemigo”.

Seamos amigos de México y no enemigos


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